Se preguntarán ¿qué es el haiku? Antes de explicarlo, me gustaría que lo experimenten leyendo algunos ejemplos de mi último libro “Brevedades. Poemas desde el sol naciente al poniente”.
“En el jardín seis caracolas blancas y el mar… ¡tan lejos!”
“Despunta el sol, entre ocres de otoño cantan las aves.”
“Silba el viento entre ramas desnudas del único árbol.”
Estos haikus los escribí in situ. Estuve en esos lugares. Salí a caminar por San Nicolás en busca de un aware, cuya traducción del japonés remite a una emoción profunda.
En primer lugar, me animo a afirmar que se trata de una poesía del aquí y ahora. Es estar presentes, darnos el permiso de contemplar el mundo que nos rodea: desde lo efímero hasta lo permanente, desde lo pequeño hasta lo majestuoso, desde la fealdad hasta la belleza, para honrarlo con un poema de diecisiete sílabas.
Como pueden ver, son poemas breves con una estructura occidental de tres versos, por lo general distribuidos en 5/7/5 sílabas respectivamente. En la actualidad, esta métrica es más flexible, especialmente cuando se escribe en un idioma que no es el japonés.
Entonces, ¿es el haiku una emoción profunda expresada de manera breve? Sí, pero no sobre cualquier cosa. Esa brevedad del aware surge de una relación sensorial entre el poeta y su entorno.
¿Significa que el haiku es producto de contemplar el mundo estando presente? ¿Significa que, en ese estado de contemplación, el poeta experimenta una emoción profunda y la expresa con la contundencia de la brevedad?
Quien haya llegado a esta conclusión, ha vivido una experiencia haiku.